Brasil ya está en octavos, pero ¿qué le falta para volver a conquistar el Mundial?

Brasil ya está en octavos, pero ¿qué le falta para volver a conquistar el Mundial?

La Canarinha superó una exigente fase de grupos y mostró una identidad renovada bajo el mando de Carlo Ancelotti. Sin embargo, el tramo decisivo del Mundial 2026 exigirá un paso más si quiere volver a levantar la Copa del Mundo

Brasil ya cumplió el primer objetivo. Tras superar una fase de grupos de alto nivel, la Canarinha aseguró su lugar en los octavos de final del Mundial 2026 luego de empatar con Marruecos y vencer a Haití, Escocia y Japón. Pero a partir de ahora el desafío cambia: ya no alcanza con clasificar, sino que comienza la verdadera carrera por el título.

Desde la llegada de Carlo Ancelotti, la selección brasileña mostró una transformación evidente. Sin renunciar al talento que históricamente la caracterizó, el equipo incorporó una dosis de equilibrio y paciencia que durante mucho tiempo pareció faltarle. Hoy Brasil es un conjunto capaz de dominar los partidos sin apresurarse, incluso cuando el marcador juega en contra.

La remontada frente a Japón fue la mejor muestra de esa evolución. El seleccionado asiático golpeó primero y obligó a Brasil a enfrentar un escenario incómodo. Lejos de perder la calma, los dirigidos por Ancelotti mantuvieron su plan de juego, circularon el balón con criterio y encontraron la victoria gracias a los goles de Casemiro y Gabriel Martinelli.

La paciencia como nueva identidad

Finalizado el encuentro, Ancelotti explicó cuál fue la clave del triunfo.

«Merecíamos ganar. El equipo no perdió la paciencia.»

Más que una frase, fue una declaración de principios. El técnico italiano considera que la serenidad para sostener una idea termina marcando diferencias cuando aparecen los momentos de mayor presión.

También destacó la profundidad del plantel.

«Tenemos muchos recursos tanto en el banco como en el campo. Es bueno que los jugadores estén a un buen nivel individual y trabajen para el equipo.»

Ese equilibrio entre figuras y funcionamiento colectivo empieza a convertirse en una de las principales fortalezas de Brasil.

Vinicius lidera, pero necesita más socios

Vinicius Júnior continúa siendo el futbolista capaz de cambiar cualquier partido. Su desequilibrio en el uno contra uno, la velocidad y la libertad para atacar siguen siendo el principal argumento ofensivo de la Canarinha.

Sin embargo, el crecimiento de Brasil dependerá también del aporte de quienes lo rodean.

Gabriel Martinelli respondió con un gol decisivo ante Japón, Endrick volvió a ofrecer soluciones desde el banco y Rayan continúa consolidándose como una alternativa ofensiva. Cuantas más amenazas tenga Brasil en ataque, más difícil será para los rivales concentrar todos sus esfuerzos en neutralizar a Vinicius.

La fortaleza mental, una de las mayores virtudes

Casemiro explicó que el mensaje del cuerpo técnico durante el entretiempo fue mantener la calma.

«El ‘Mister’ nos pidió tranquilidad porque estábamos presionando y las oportunidades iban a aparecer.»

El mediocampista destacó que el equipo nunca perdió el control del juego pese a estar abajo en el marcador y valoró especialmente la respuesta colectiva.

También Marquinhos dejó claro cuál es la ambición del plantel.

«Es difícil, pero ganar el Mundial es el sueño de nosotros y de todo Brasil.»

El capitán además resaltó el impacto de quienes ingresaron desde el banco, una señal del nivel de competencia interna que logró construir Ancelotti.

El aspecto que todavía debe mejorar

Aunque Brasil llega fortalecido a la fase eliminatoria, todavía hay un detalle que puede marcar la diferencia frente a los principales candidatos.

En varios encuentros dominó ampliamente la posesión, pero no siempre consiguió transformar ese control en una gran cantidad de situaciones de peligro. Ante rivales que defienden con bloques bajos y reducen los espacios, la circulación necesita convertirse con mayor frecuencia en profundidad y eficacia dentro del área.

Ese será probablemente el próximo desafío del conjunto brasileño.

Brasil recuperó la confianza, encontró una identidad reconocible y dispone de un plantel con variantes en todas las líneas. Si consigue convertir su dominio territorial en una producción ofensiva más contundente, tendrá argumentos sólidos para volver a pelear por una Copa del Mundo que busca desde hace más de dos décadas.

Redacción Granega