Messi y la chance de vivir su último Mundial con Argentina como local

Messi y la chance de vivir su último Mundial con Argentina como local

La escena se repite en cualquier rincón del planeta: en una calle cualquiera, de una ciudad cualquiera, aparecen chicos y grandes luciendo la camiseta argentina con el número 10 y el apellido Messi en la espalda. No es un indicio seguro de nacionalidad. Basta escucharlos hablar para descubrir acentos caribeños o idiomas tan distintos como el francés, el alemán o incluso el persa. Por eso no resulta exagerado pensar que Lionel Messi puede sentirse local en casi cualquier lugar del mundo. Y el Mundial 2026 podría confirmarlo, quizá más que nunca, “en casa”.

Messi sigue siendo profundamente argentino y rosarino, aunque también supo construir un hogar en Barcelona, ciudad a la que llegó siendo un niño y de la que se fue en 2021 convertido en padre de familia. Ese vínculo afectivo con los catalanes contrastó de manera abrupta con su paso por el PSG, donde durante dos temporadas convivió con la frialdad y, en ocasiones, con el rechazo de parte del público. “Pensé que iba a ser distinto. Fueron dos años complicados”, reconoció en diálogo con Sport y Mundo Deportivo, en una relación que terminó de resquebrajarse tras la final del Mundial de Qatar 2022.

Estados Unidos y un Mundial con aroma a hogar

Su desembarco en Estados Unidos en 2023 marcó un cambio rotundo. Messi volvió a sentirse valorado desde el primer día. “El recibimiento fue increíble, no solo en Miami sino en todo el país. Jugamos de visitantes en Dallas y la gente fue espectacular conmigo”, expresó en una conferencia de prensa poco después de llegar, donde dejó una frase que sintetizó su momento: “Vine a disfrutar del fútbol, que es lo que siempre me gustó”.

La Pulga, campeón de la MLS con Inter Miami, será una pieza clave para Argentina en el Mundial 2026 no solo dentro de la cancha, sino también como puente emocional con el público estadounidense, que no es ajeno a su decisión de cerrar allí su carrera. Además del acompañamiento de miles de argentinos que viajarán especialmente, la Albiceleste podría contar con un respaldo mayoritario en la fase de grupos: debutará el 16 de junio ante Argelia en Kansas City, y luego jugará el 22 y el 27 frente a Austria y Jordania en el estadio de los Dallas Cowboys.

El recuerdo de Maradona en Italia 90

Que la máxima figura del seleccionado juegue en uno de los países anfitriones no es algo inédito para Argentina, aunque la experiencia indica que eso no siempre garantiza apoyo unánime. Quienes superan los 40 años recuerdan bien el Mundial de Italia 1990, con Carlos Bilardo como entrenador y Diego Maradona como estandarte.

El fenómeno Maradona en Napoli había dividido al país: mientras en el sur era venerado tras llevar al club a dos Scudetti (1987 y 1990) y a la Copa de la UEFA en 1989, en el norte despertaba un rechazo feroz. Esa grieta se reflejó en el debut ante Camerún en Milán, con silbidos al himno argentino y una derrota por 1-0. Sin embargo, la historia fue distinta en Nápoles: allí Argentina se sintió local frente a la Unión Soviética (2-0) y Rumania (1-1), en el estadio San Paolo, hoy rebautizado Diego Armando Maradona.

El episodio más singular llegó en la semifinal contra Italia, cuando muchos napolitanos comenzaron alentando a la Azzurra y terminaron volcándose por Argentina, acompañando a su ídolo a medida que avanzaba el partido.

Difícilmente Messi despierte un clima tan extremo, aunque la carga emocional será inevitable. A su vínculo con el público estadounidense se sumará un factor decisivo: todo indica que 2026 será su última Copa del Mundo. Esa certeza podría generar un apoyo teñido de admiración y nostalgia, el deseo colectivo de verlo un partido más.

Existe, claro, una opción casi utópica: que Messi estire su carrera hasta 2030 y se despida en un Mundial jugado en su propio país. Sería otra forma de decir adiós “en casa”. Aunque, a esta altura, y sin que suene exagerado, la casa de Messi parece ser el mundo entero.

Redacción Granega Transmisiones